sábado, 8 de noviembre de 2014

El punto sobre... Blancanieves en la ciudad de Ana Alonso.


Edición: Anaya, 2010
Colección: Pizca de Sal (a partir de 6 años)
Nº Páginas: 70
ISBN: 978-84-667-8487-0

Ana Alonso nació en Tarrasa (Barcelona) en 1970, aunque ha residido la mayor parte de su vida en León. Ha publicado ocho poemarios y, entre otros, ha recibido el Premio de Poesía Hiperión (2005), el Premio Ojo Crítico de Poesía (2006), el Premio Antonio Machado en Baeza (2007) y el Premio Alfons  el Magnànim  Valencia de poesía en castellano (2008). Entre sus libros dirigidos al público infantil y juvenil,  destacan los escritos junto a Javier Pelegrín La llave del tiempo y la colección Pizca de Sal dirigida a la Educación Primaria.
Los cuentos tradicionales nacieron con la intención de enseñar a los más pequeños aquellas conductas más apropiadas para la vida (lecciones morales) o para prevenirlos de posibles peligros. El cuento de Caperucita Roja advierte del peligro que conlleva hablar con extraños (Las muchachas no deben hacer caso del primero que se les acerque, moraleja que se desprendía del cuento de Perrault), La Cenicienta describe la rivalidad fraterna, La bella durmiente el paso a la adolescencia, etc.  
Bruno Bettelheim en su libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas, nos dice: “El cuento es terapéutico porque el paciente encuentra sus propias soluciones mediante la contemplación de lo que la historia parece aludir sobre él mismo y sobre sus conflictos internos, que parecen incomprensibles y, por lo tanto, insolubles.” “El cuento avanza de manera similar a cómo el niño ve y experimenta el mundo; es precisamente por este motivo que el cuento de hadas resulta tan convincente para él. El cuento lo conforta mucho más que los esfuerzos por consolarlo basados en razonamientos y opiniones adultos. El pequeño confía en lo que la historia le cuenta, porque el mundo que ésta le presenta coincide con el suyo.”
Aunque los cuentos tradicionales siempre desprenden enseñanzas y son aplicables en cualquier lugar y tiempo, es cierto, que en la actualidad, otros son también los temas en los que debemos centrarnos a la hora de enseñar a través del cuento, otras las motivaciones que pueden tener los niños y niñas y otras las inquietudes de las familias. Blancanieves en la ciudad de Ana Alonso, transforma el cuento clásico y lo acerca al presente sin desprenderse de los elementos que han hecho famoso a este cuento: la madrastra, los enanitos, la manzana envenenada…
Esta nueva Blancanieves vive en un castillo con su madrastra. Su padre se fue de viaje y nunca más volvió. La madrastra sustituye el espejito mágico por un moderno ordenador al que pregunta diariamente quién es la más bella de la comarca. El día que el ordenador mágico, que siempre decía la verdad, le contesta que la más bella es Blancanieves, la madrastra furiosa decide librarse para siempre de la niña y la envía a la ciudad. Blancanieves se sube a un autobús muy preocupada y asustada y es el conductor quien, en la ciudad, indica a la niña cómo llegar hasta la casa de los enanitos que son los más adecuados para ayudarla. Caperucita aprende muchas cosas en la ciudad: cómo guiarse a través de un mapa, para qué sirven los semáforos, el trabajo de los ayuntamientos, el servicio de las ONG, entre otras. La madrastra intenta envenenar a Blancanieves con una manzana pero acaba multada por un policía municipal por practicar la venta ambulante y es llevada a comisaría por intentar envenenar a Blancanieves. El  cuento termina con el príncipe y Blancanieves merendando unas riquísimas hamburguesas.  
Blancanieves en la ciudad es una historia divertida que gustará a los lectores más jóvenes. Permite trabajar la educación vial y la organización en la ciudad, sus principales servicios y los empleados municipales. Al final del libro encontramos diez fichas de actividades que permiten reforzar los contenidos aprendidos en el cuento. Es una narración que se adapta a la actualidad y en la que los niños/as podrán ver reflejadas muchas situaciones de su vida cotidiana. La familia o, en su caso, el profesorado podrá partir de él para desarrollar importantes aspectos de educación vial y cívica a la vez que  fomenta el gusto por la lectura.
Por último, resaltar las ilustraciones de Patricia Metola, muy bonitas y sencillas que aportan al libro un carácter personal y atractivo para sus pequeños lectores.
 
«—¡Increíble! ¡Increíble! —comentaba el príncipe admirado—. ¿Y dices que todo esto lo paga el Ayuntamiento? Ese señor debe de ser muy rico…
Blancanieves se echó a reír. Se reía tanto, que todos los pasajeros del autobús se volvieron para mirarla.
—¿Qué te pasa? —preguntó el príncipe sorprendido.
—Nada —contestó Blancanieves—. ¡Es que has dicho lo mismo que dije yo el día que llegué a la ciudad!»

           


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