miércoles, 13 de junio de 2018

¿Vas a venir a la feria?


De adolescente no tuve un ídolo al que seguir, ningún cantante por el que hacer una cola interminable para colocarme en la primera fila de sus conciertos o por el que llorar histéricamente en el momento de tenerlo frente a mí firmándome un autógrafo. Ahora, con treinta y siete años, me ha llegado la  oportunidad de vivir esa experiencia y, como no podía ser de otra manera, en mi caso, desde mi afición, la lectura.

Con la ilusión de quien sabe que va a encontrarse con su admirado escritor, que cruzará con él al menos unas cuantas palabras la situación en cuestión tampoco da para mucho más y que se llevará el preciado tesoro de un libro con su firma, así fui desde Alicante hasta la Feria del Libro de Madrid. Mi principal objetivo: encontrarme con José Ovejero. Y si después conseguía la firma de algún escritor más, pues sería poner la guinda al pastel.

Al llegar al espacio de El Retiro donde se concentran los establecimientos de la feria, ochocientos sellos editoriales en 363 casetas, muchos de ellos todavía no han abierto para la jornada de la tarde pero, sin embargo, se puede ver a gente por doquier. Familias con hijos emocionados que forman una larga fila para encontrarse a la joven escritora que con su dulce sonrisa les alegrará la tarde, parejas que acomodadas en las zonas verdes descansan y aprovechan para retener unos rayos de sol, extremidades que se mueven ágilmente por un espacio que en  ese momento ha cobrado un prestigio del que todo el mundo quiere formar parte.

Me encamino hacia el escenario de Radio 3 donde se va a emitir un programa especial desde la feria. Mi interés reside en que José Ovejero junto con la escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero hablarán de sus respectivos libros: Mundo extraño y Pelea de gallos. La intervención del escritor, muy breve en mi opinión, me emociona e intento apropiarme, como si hiciera una captura de pantalla con el móvil, de cada palabra, gesto y tono de su voz. Cuando baja del escenario, y a pesar de que lo tengo a pocos pasos de mí, no me atrevo a acercarme y pedirle una foto o intercambiar con él algunas palabras, que en mi caso serían nerviosas y torpes, y me lo reservo para el día siguiente cuando se encuentre firmando libros en la caseta 163 de la editorial Páginas de Espuma.

Sin duda, y mirando alrededor, queda manifiesto que tanto los libreros como los editores han conseguido sobrevivir a una crisis en el sector del libro, o en el ámbito de la cultura en general, que parecía la tónica de los últimos años. Pero ¿y los escritores? En las casetas de la feria podemos distinguir dos tipos de colas de ansiosos lectores: las de los que esperan una firma de un escritor consagrado cuyo libro es todo un éxito solamente con rozar la estantería de una librería, como por ejemplo Arturo Pérez Reverte; y las de los escritores que han conseguido convertirse en un fenómeno fan para adolescentes, caben en esta categoría los cantantes-escritores, los youtubers y los que fueron conocidos previamente a la publicación de su libro por su aparición en televisión.

¿Y el resto? La lista de firmas de la feria parece interminable y en ella encontramos autores con premios a sus espaldas, reconocidos por su talento literario tanto en nuestro país como en el extranjero, escritores de pluma selecta a los que parece, en algún instante, que nadie reconoce. Ante este absurdo cabría quizás reflexionar no tanto por el número de ventas del sector sino más bien con el tipo de literatura que se consume, en las motivaciones que tiene el lector para comprar un libro, para leerlo y para visitar una feria del libro como la de Madrid. Y más si tenemos en cuenta que vivimos en un país en el que el 39% de la población declara que no lee nunca.

No es de extrañar que ante esta situación haya escritores que se piensen mucho si asistir a este tipo de evento y pasar horas en una caseta para firmar poco más que una decena de libros, en lugar de estar delante de su ordenador creando un mundo nuevo o quizás extraño que presentar a sus seguidores.

Y, sin embargo, no creo que sea desdeñable el encuentro con el escritor y las firmas de libros porque al igual que en la infancia las visitas de escritores de LIJ a los centros educativos son una actividad motivadora y animadora de la lectura, del mismo modo, también lo es para el adulto. El niño se inicia en el mundo de la lectura y necesita de unos estímulos por parte del adulto, del maestro o del mediador para descubrir el espacio mágico que el escritor crea en las páginas de un libro. El adulto que lee necesita también un impulso para seguir leyendo, para encontrar nuevos autores que le propongan historias con las que vibrar, con las que encontrar respuestas, con las que soñar y, quizás, hasta reconciliarse con la vida. Ese estímulo puede aparecer cuando miras a los ojos a ese escritor que te mantiene en vilo durante horas con el transcurrir de su historia, y si además el escritor en cuestión es simpático habrá encontrado la fidelidad rotunda de un lector entregado a su obra.

Domingo, 12:00 del mediodía, caseta 163. Allí está él, mi escritor preferido. Una dedicatoria preciosa, una sonrisa, unas palabras cercanas, y si ya me tenía en el bote con su literatura ahora es cuando caigo rendida a sus pies.

Regreso a casa pensando en la próxima feria del libro, evento, charla… que me permita reencontrarme con mi escritor y, a pesar del vaticinio de analistas como Mike Shatzkin para el que los libros impresos, las librerías físicas y las ferias del libro tienen los días contados, espero, al menos, seguir teniendo la oportunidad de mirar a los ojos a José Ovejero y que no sea en diferido o a través de un holograma.


Ilustración de Fernando Vicente para el cartel de la 74 Feria del Libro de Madrid. 


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