Más feminismo

Una mujer desde muy joven aprende que el camino de vuelta a casa a altas horas de la noche es siempre una amenaza, acelerará el paso, mirará con rápidos movimientos de cabeza a un lado y a otro, incluso atrás, para asegurarse de que nadie la sigue y respirará tranquila cuando entre en el portal de casa y cierre la puerta tras de sí. Sólo con el paso de los años conseguirá una cierta seguridad, nunca total, pero no porque crea que pueda enfrentarse a la amenaza o porque piense que ésta ha desaparecido sino más bien porque encontrará motivos relacionados con su edad o con su aspecto para creer que no irán a por ella. Una mujer desde muy joven aprende que la ropa que se ponga va a determinar lo que piensen de ella. Y no sólo con calificativos de si eres más elegante o menos o si para desempeñar ese trabajo es el conjunto más idóneo o no lo es. No, no es eso. Tu manera de vestir va a justificar que el jefe te meta mano, que seas una calentorra, una calientapollas o un marimacho...